Porteña: Jóvenes venden huevos agroecológicos

Jordán y Elisa son una joven pareja radicada en Porteña que desde hace un año incursiona en el mundo de la agroecología. Con el método PRV (Pastoreo Racional Voisin) como estandarte, crían gallinas a través de una planificación que mejora la eficiencia de la producción logrando un uso equilibrado de los recursos.
«Es un sistema que contempla integralmente el suelo, el animal y la producción» comenzó relatando Elisa Bortolini, quién junto a su novio realizó varios cursos de agroecología previos a lanzarse con incertidumbre en este proyecto que, a pasos agigantados, va dando sus frutos. 
«Se trata de imitar cómo se mueven los animales en la naturaleza. En forma de manada pastorean en ciertas zonas y después se trasladan a otras, donde hay pastos nuevos previo a una intervención humana» indicó la joven. 
Sus inicios
Ambos comenzaron a trabajar la tierra acorde a ese método, ideado por el científico francés Andreé Voisin: sembraron cebada, alfalfa, avena y otras semillas y dividieron un campo de dos hectáreas en parcelas de 25 x 25 mts que permiten generar un sistema de rotación.
Para separar una parcela de otra, colocaron una red electrificada que limita el espacio de pastoreo de las gallinas, que permanecen dentro de cada segmento entre cinco y 14 días, dependiendo la época del año. «En el verano, los pastos crecen más rápido por lo que la rotación es más lenta debido al sobreabundante crecimiento que permite alimentarlas durante más tiempo», contó el joven.
Además, Jordán agregó que las gallinas permanecen gran parte del día ahí, por lo que también «bostean» en esa zona y logran fertilizar el suelo. «Tenemos alta carga animal en un espacio reducido, entonces la acumulación de bosta fertiliza el suelo y lo prepara para una posterior regeneración, una vez que las gallinas son movidas de parcela», dijo.
Dentro de la parcela utilizada se encuentra un trailler, más conocido como «gallinero móvil», un carro trasladable donde las gallinas sólo duermen y ponen sus huevos. «En la mañana temprano, salen a comer, excarvar, mover el suelo y el carro permanece abierto para cuando deseen subir a poner el huevo» indicó Longo.
Además, añadió que como alimentación complementaria les dan un balanceado que preparan ellos mismos, ya que también necesitan comer granos. De todas maneras, manifestó que su trabajo se centra principalmente en el suelo, que es la base. «Si tenemos el suelo sano, vamos a tener una pastura sana y por consiguiente, una gallina y un huevo sano».
Jairo Restrepo, el mentor
Al ser consultados acerca de los comienzos en un mundo opuesto a las grandes industrias, Jordán comentó que siempre lo atrajo buscar caminos alternativos y novedosos. «Siempre me gustó innovar en algunas cosas, hace cinco años atrás por ejemplo yo ya hacía hidroponía, que es el boom de ahora» dijo, en referencia a las famosas lechugas hidropónicas que hoy se consiguen con mayor facilidad en algunas verdulerías de la ciudad.
Luego, el joven siguió forjando su propio camino a la par que realizaba cursos. No obstante, no fue hasta que se topó con los videos de Jairo Restrepo, un colombiano que es referente a nivel mundial en agroecología y dictó más de 90 cursos en el mundo.
«Jairo enseña sobre agricultura orgánica. Llegué a él mirando videos en Youtube, ya que yo seguía a Joseph Pámies, un tipo de España que está en contra de las farmacéuticas y en las ventanas emergentes, me apareció Restrepo», indicó el productor y agregó: «él te dice lo que nadie menciona acerca de las corporaciones y las agroindustrias».
En esa línea, reflexionó sobre el alcance de las grandes industrias y los problemas que nos aquejan. «La idea de que cada vez necesitamos producir más porque la gente se muere de hambre no es tan literal. Producción hay, pero tenemos dos problemas: por un lado, la mala distribución de la riqueza ya que hay desigualdad y por el otro, la calidad de lo que nos venden como alimento», sostuvo.
Para incursionar en ese mundo agroecológico, los emprendedores realizaron cursos de capacitación en un establecimiento denominado «El mate», ubicado en Adelia María. Allí aprendieron e intercambiaron experiencias, por ejemplo, sobre el pasaje de un campo tradicional a uno agroecológico.
Comida vs Alimento
«Si el día de mañana seguimos con este sistema de producción convencional, dejará de haber alimentos y sólo ingeriremos comida», reflexionó al realizar una comparación entre el sistema agroecológico y el de las grandes corporaciones.
«Hoy un huevo industrial no tiene ni las vitaminas ni los minerales que un huevo gestado a través del método de pastoreo racional. A lo que le está errando el humano es al manejo del proceso, más allá de la productividad que genere lo industrial», dijo. 
Elisa aprovechó la ocasión para agregar que «en la industria los huevos son pálidos, a comparación de los criados en el campo, más amarillos, naranjas y sabrosos. Eso tiene que ver principalmente con la alimentación que tienen las gallinas, ya que en las granjas industriales sólo tiene una ración de comida».
Al ser consultados acerca de la duración del proceso de producción según el método que utilizan, Jordán explicó que a través de esa planificación ellos intentan respetar el ciclo natural de los animales y los suelos. 
«A diferencia de la industria, donde las gallinas tienen luz artificial y nunca ven el sol, sino que están preparadas para un ambiente que les permita poner huevos en forma continua, nosotros respetamos los tiempos» indicó, distanciándose de apresurar a los animales a que empollen de forma masiva porque eso además de alterar el proceso, disminuye el ciclo de vida útil.
«En invierno, cuando se acortan los días de luz, ponen menos huevos pero sabemos que estamos respetando el proceso sin luz artificial y sin castigar su cuerpo», añadió.
Un alimento a precio accesible
Tradicionalmente, las gallinas tardan entre 26 y 28 horas en poner un huevo. Jordán y Elisa comenzaron con una tanda de veinte gallinas y debido a la demanda, al poco tiempo agrandaron el plantel a casi 250 ejemplares. «En septiembre comenzaron a poner los primeros huevos y hoy en día estamos armando aproximadamente 7 maples por jornada, unos 210 huevos» indicó Longo.
En relación al precio, los jóvenes sostienen que quizás la gente todavía compra el maple tradicional porque es un poco más barato, pero no se tiene en cuenta que un peso más por unidad que salen los agroecológicos, no es representativo si se pone en la balanza la composición nutricional de uno y otro. 
Según una comparación hecha por el estadounidense Joel Salatín entre huevos industriales y agroecológicos, la diferencia en vitaminas y minerales «es impresionante», por lo que la variación de precio no es significativa. «Justamente. el lema de los que hacen agroecología es que la salud se la estamos regalando, no vendiendo, eso viene extra», afirmó.
Lejos de que este emprendimiento sea para algunos, el precio está pensado para abarcar a todos. «La idea es llegar a todos, no solamente a la gente con cierto poder adquisitivo» expresó la joven, indicando que no hicieron la certificación orgánica ya que eso conlleva un encarecimiento del producto. «Al certificar ya estas limitando a un público, diciendo que si no tenés plata no podes consumir algo sano». 
Por último, Jordan instó a alentar el consumo de pequeños productores: «lo que tiene que hacer la gente es consumir a los productores locales. necesitamos hacerlos crecer».
Una futura expansión
La idea de los jóvenes es ser lo más «independiente y autosustentable» posibles, sin depender de insumos y cosas externas. 
Dentro de sus metas, está seguir expandiendo su estilo de vida. «Dentro de las dos hectáreas, ya hemos plantado también 50 árboles frutales» expresó Elisa. 
«En el campo, ya tenemos hecho un parque, un montecito nativo y la próxima meta es incorporar colmenas de abejas», relató Jordán, entusiasmado por hacer crecer no sólo su negocio sino lograr la concientización en el consumo de alimentos. (Gentileza La Voz de San Justo/Agustina Rossi)